Viaje a los pueblos blancos, DÍA 4

Cada día en esta zona es completamente diferente al anterior y eso teniendo en cuenta que la zona no es muy grande y tampoco puedo hacer malabares.

He dormido bien, casi del tirón mis ocho horas pero aún así estoy cansado, sobre todo del calor, cuando ya se acercan las 11 de la mañana el calor en la moto empieza a hacer estragos y me noto un bajón importante, por eso hoy hago paradas a cada poco para descansar e hidratarme. Todo un acierto, después de comer ya me noto mejor.

Pero no adelantemos tanto. Hoy salí a las 9 de la mañana de mi habitación y no pude desayunar en El Chozo porque hoy cerraban por asuntos personales. Espero que no sea nada grave pero a mi me ha jodido para ser sinceros. Pruebo en el bar más cercano y eso sí que no fue un acierto. Éramos en la terraza cuatro gatos y a pesar de ello había un ruido como si de un pub a las dos de la madrugara se tratara. El café aguado y aún estoy esperando la tostada que le pedí. Se hará perdido en el mar de vasos y platos sucios que se les lleva acumulando, por lo que pareces desde anoche, en los más de tres metros de barra que tienen. Al menos el café me ha costado solo un euro.

img_1156Empiezo ya la ruta con el estómago más vacío pero tampoco alarmemos, anoche cené como para dos. Me dirijo por carreteras convencionales y de montaña a Alcalá de los Gazules, a unos 130 kilómetros de aquí y unas dos horas media por estas vías. El camino no puede ser más bonito ni más motero. Con carreteras más rápidas en las que poder tumbar bien y luego carreteras de montaña sinuosas y estrechas. La última parte entre cientos de Alcornoques a los que muchos le faltan parte de su corteza para hacer corcho. Como dato anecdótico que conservo desde hace años y que no sirve para nada, pese a que en esta zona y en Extremadura se de mucho esta variedad de Árbol Gerona es, o al menos antes lo era, el principal exportador a nivel mundial de corcho, sobre todo para vinos.

En esta zona llega un momento en el que la vegetación gana la partida y se mete en la carretera en la que además los guardarraíles han sido cubiertos de madera (aunque ahora pienso que también podría ser de corcho) con lo que se integran a la perfección con el paisaje. Al final del camino éste se estropea un poco con un asfalto muy roto y donde hay que extremar la precaución. Casi mejor, así puedo observar cuanto me rodea.

Al llegar a Alcalá de los Gazules doy una vuelta por el pueblo con la moto, son más de las 12 de la mañana y hacer turismo a pie con la chaqueta de cuero y cargado con el casco y la bolsa sobredepósito llena es un suicidio.

img_1125Hay un bar con terraza, a la sombra y donde puedo aparcar la moto también en la puerta y a la sombra. Lógicamente llama mi atención y paro. Me comí un bocadillo serranito con jamón serrano, huevo a la plancha, filete de cerdo y un poco de mayonesa. En Madrid lo hacen algo distinto pero todo buenísimo. Lo acompaño con una boterra de agua y dos tintos de verano refrescantes y todo por seis euros. Mira, para contrarrestar los treinta euros de la comida de ayer en Tarifa. Al final todo va de medias.

Descanso un rato y me dirijo hacia Ubrique y de ahí a Setenil, pueblo que me recomendaron algunos seguidores. El calor aquí, que ya eran las 3 de la tarde se hacía insoportable y en una zona de los alcornocales busco una buena sombra para beberme el medio litro de agua que me queda y quitarme la chaqueta y el casco para respirar. La parada fue clave porque luego continué con muchas más fuerzas. Al salir de aquí crucé un bosque de pinos Pinsapos, una variedad del pino que según me contaron solo se da aquí ya que es una zona con mucho sol, calor pero donde también llueve mucho, recordemos que la sierra de Grazalema es año sí y año también la zona más lluviosa el país.

img_1131El olor a pino embriaga y la carretera tiene un firme en buenas condiciones, algo que por la zona escasea, por lo que la diversión está asegurada. Setenil es mi última parada del día porque ya está cerca de mi hotel y la carretera final,lo último 13 kilómetros para llegar son el contrapunto a la carretera que dejaba atrás. Esto no es un bosque, es una estepa, enorme. Un paisaje en el que la vista se pierde a los lejos, lleno de girasoles y olivos. Como la cámara se me despegó del casco no pude grabarlo pero mañana, como lo tengo cerca, volveré para hacer una foto con todos los Girasoles.

El pueblo en sí, Seteneil, tiene unas vistas impresionantes pero no paso mucho tiempo aquí, los bares están por el centro donde está prohibido circular en la mayoría de calles y tengo mucho calor.

Me dispongo a ir directamente al hotel, a escribir en el jardín y a darme un buen chapuzón en la piscina y así mi cuerpo se calme.

Mañana es ya el último día así que aprovecharé para conocer mejor el pueblo de Grazalema y la carrtera por la que el otro día no me dejó circular el Guardia Civil.

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