Viaje a los pueblos blancos, DÍA 2

Día nuevo, una nueva historia, no tiene nada que ver.

He dormido diez horas y me he despertado como a cámara lenta. Recojo toda la habitación, me ducho, preparo todo lo que me hace falta porque no volveré hasta la tarde y salgo raudo a desayunar al Chozo, restaurante amigo y recomendado por la señora Dolores que por lo que hablo con ella la oigo hablar con algunos de los residentes tiene bastante mundo, sobre todo de cervezas y bebidas del mundo. Una mujer viajada, vaya.

El Chozo es regentado por una familia bien maja y agradable, sin duda repetiré mañana y espérate tú que no me largue a cenar si me entra hambre más tarde. Lo que sí he notado es que la zona aunque muy turística, con gran afluencia de coches de alquiler y caravanas conducidos por italianos y franceses sobre todo, los precios son muy bajos. Desayunos, bebidas y comidas bastante más baratos a lo que me tienen acostumbrado en los Madriles.

Por fin, casi a las 11 parto hacia Grazalema, mi primera parada. Pongo el GPS solo hasta la carretera que va, la 373, una carretera de montaña con mil y una curvas, con tramos anchos para dar gas y tramos más estrechos que te alertan para que aflojes y admires el paisaje. Qué bien me lo he pasado, lo de hoy ya es otra cosa. Al llegar a Grazalema ya se ve lo imponente que es desde abajo, asomando como todos los pueblos blancos, sobre las montañas un amasijo de casas bajas, muy juntas y blancas como la leche. Choca que algo tan simple sea tan bello de ver en mitad del monte. Ya dentro del pueblo se ve con mucha vida. Aparco la moto y pronto, cuando no he hecho más que bajar de ella me advierte un lugareño bien educado que no la deje ahí, que ponen multas de 200€, que la deje más allá, tras la estatua del toro lidiando con dos banderilleros, que hay una aparcamiento para motos (La zona es muy taurina, que le vamos a hacer)

Dicho y hecho, le doy las gracias y me dirijo a pie y con un calor de narices a la plaza, atestada de gente hasta en las escaleras, pocas mesas libres para tomar algo fresco por lo que callejeo un poco para conocerlo mejor y en otra plaza con sombra total me paro a cargar baterías propias y de las cámaras.

Me voy con la sensación de querer verlo con más detenimiento pero si quiero conocer más la zona me tengo que mover, si me sobra tiempo volveré más relajado y sin tanto equipamiento.

Continúo hacia Arcos de la Frontera siguiendo la misma carretera pero al salir del pueblo la Guardia Civil me da el alto, no puedo continuar por ahí ya que hay una carrera ciclista pero el hombre igual de educado y agradable me explica una ruta alternativa, advirtiéndome que la carretera es más sinuosa y que no puedo apretarle igual, que yendo relajado es muy bonita y sin peligro. Dicho y hecho de nuevo, me dirijo hacia allí y vaya si era bonito, espectacular diría yo, unas vistas, un entorno que me deja boquiabierto pero, al llegar a los Algodonales me perdí así que miré el mapa y me dirijo a El Bosque para comer ya algo, son cerca de las 2 de la tarde y el sol aprieta. Solo paro aquí porque me gustó el nombre, no obstante también es uno de los pueblos blancos y comí en un bar que rezaba en el cartel “desayunos moteros” aunque dentro había de todo menos moteros, al entrar yo fui el único hasta que me fui un tinto de verano y una brocheta de carne y verduras más tarde. Muy rico todo, por cierto.

De aquí en adelante no hay mucho más reseñable más que carreteras con un firme espantoso, muy bacheado y con unos cambios que me hacían botar y saltar a cada poco. Pasé por pueblecitos bastante pintorescos pero me centré en disfrutar del camino y volver a la casa de la señora Dolores. Quería estar aquí pronto para descansar, darme un chapuzón en la piscina para quitarme este carlor insoportable (que por cierto más me habría valido traerme la chaqueta de verano y no la de cuero, me esperaba menos calor) y así escribir tranquilo en el jardín, cosa que estoy haciendo.

Mañana quiero salir antes para las horas centrales del día aprovechar para hacer turismo a pie y comer y así disfrutar más la moto por la mañana y la tarde.

Con los de hoy ya van 1000 kilómetros desde ayer. Mañana mi idea es ir hasta Tarifa por buena carretera de curvas y comer ya allí y así a la tarde visitar algún otro pueblo blanco pero sobre todo, dejarme llevar por los acontecimientos. No hay nada planeado.

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